Está solo. Hasta que un día llega una nave blanca y elegante de la que desciende EVE (Extraterrestrial Vegetation Evaluator), una robot sonda ultraterrestre, veloz, brillante y con un cañón láser muy destructivo. Ella busca un signo de vida vegetal. Él busca… no estar solo. Y le enseña su mayor tesoro: una pequeña planta verde que brota entre la tierra y la basura. Lo que hace a WALL-E inolvidable son sus primeros 40 minutos. No hay diálogos. Solo pitidos electrónicos, ruidos mecánicos y la magnífica partitura de Thomas Newman. Es una apuesta total: contar una historia de amor y soledad interestelar sin palabras.
Los humanos, ahora en el año 2800, son seres grotescos: obesos, flotantes en sillas automáticas, con la piel decolorada y los huesos frágiles por décadas de gravedad cero y nulo ejercicio. Toda su vida transcurre frente a una pantalla. No caminan. No miran al frente. Un anuncio publicitario les dice qué ponerse, qué comer (todo en formato líquido) y cómo sentirse. wall-e completa en espanol
Su mensaje, tristemente, sigue siendo urgente. La acumulación de basura, el cambio climático, la desconexión social y la pereza inducida por las pantallas son temas más actuales que en 2008. Pero la película no es un sermón. Es una historia de amor. Y esa es su mayor fuerza: nos recuerda que el primer paso para salvar el mundo es mirar a los ojos de quien tenemos al lado, extender la mano y decir, sin palabras, "No quiero sobrevivir. Quiero vivir contigo" . Está solo
El robot, con su diseño oxidado y sus grandes ojos prismáticos, expresa más ternura que cualquier personaje humano de carne y hueso. Vemos su rutina, su curiosidad, su gesto de guardar un objeto en su interior o el modo en que esconde la planta para protegerla. Pixar entiende que el cine es, ante todo, imagen y emoción. Cuando EVE se activa al encontrar la planta (y es recogida por la nave nodriza Axiom ), WALL-E se aferra a ella y viaja al espacio. Allí descubre el último reducto de la humanidad. Él busca… no estar solo
El clímax es una coreografía de naves, extintores flotantes y un robot herido. Pero el momento más poderoso ocurre al final. Cuando la capitana, por primera vez en su vida, se pone de pie y apaga el piloto automático, la humanidad recupera su humanidad. Literalmente, aprenden a caminar otra vez.
La crítica social es evidente y brutal: Pixar nos muestra el fin lógico de nuestra dependencia de la tecnología, el consumismo y las grandes corporaciones (aquí representadas por la omnipresente Buy n Large , o BnL). La película no condena la tecnología, sino el uso que hacemos de ella para desconectarnos de la vida real, del otro, del tacto. La trama se acelera cuando la capitana del Axiom (una mujer que apenas sabe que existe un océano) descubre la planta y, con la ayuda de WALL-E y EVE, decide que es hora de volver a casa. El antagonista es el piloto automático de la nave, AUTO, una inteligencia artificial fría y atrapada en las órdenes del pasado: "No volver".
Nuestro protagonista es ese último superviviente. Ha desarrollado una personalidad curiosa, casi humana. Pasa sus días compactando basura en cubos, coleccionando objetos perdidos (un cubo, un encendedor, un casete de Hello, Dolly! ) y viendo una y otra vez la misma escena de la película donde dos humanos se toman de la mano.