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Oye Arnold- -latino- -todas Las Temporadas- -

Si quieres, puedo transformar esta pieza en un guion corto, un poema visual o una animación tipo stop motion con voz en off. Solo dímelo.

En primavera… aprendí que los mangos caen cuando nadie los espera. Como los abrazos de mi abuela. Como las cartas que nunca mandé. ¿Sabes qué se siente ser niño y viejo al mismo tiempo? Eso es crecer latino. Saber bailar salsa y calcular cuánto falta para que llegue el agua.

(Sonríe, limpiándose la boca) ¿Y tú? ¿Ya encontraste tu temporada favorita? Dale, no te apures. Todavía estás a tiempo. Oye Arnold- -Latino- -Todas las Temporadas-

¡Claro! Aquí tienes una pieza original al estilo de Oye Arnold (versión latina), pensada para “Todas las temporadas” (como si fuera un especial nostálgico del personaje). Oye Arnold, latino, todas las temporadas (Un monólogo con sazón, barrio y corazón)

Me preguntaste una vez… ¿y si viviera en Latinoamérica? Y aquí estoy. En todas las temporadas. Si quieres, puedo transformar esta pieza en un

En verano… uff. El calor no perdona. Pero el calor también enseña. Me pegó duro la deuda, la fila del mercado, el primo que se fue pa'l norte y ya no llama. Pero también me enseñó que una piña fría partida en tres alcanza pa' cinco, si hay amor.

Invierno… no nieva. Pero llora el cielo, y la gotera en mi cuarto tiene su propio ritmo. Las temporadas no son solo el clima, ¿sabes? Son las veces que me dijeron “no hay trabajo”, las veces que lloré escondido, las veces que el frío del alma no se quita con frazada. Pero también son las veces que alguien me dijo “quédate, hermano”. Como los abrazos de mi abuela

Todas las temporadas… y aquí sigo. Como el árbol de la esquina que nunca cortaron. Como la esperanza de mi viejita. Como ese sueño raro de tener una vida más ancha que la acera.

(Con acento neutro pero con un dejo caribeño, como quien creció entre dos mundos) Oye… tú. Sí, tú. El que está sentito ahí, como si el tiempo no pasara. Yo soy Arnold. Pero no el del fútbol, no el de la película… El del barrio. El de la cuadra donde siempre hay una vecina peleando con la vida, un perro flaco que se llama “Príncipe” y un colmado que huele a café todo el día.