Obb, por supuesto, no escuchaba advertencias. Escuchaba el silencio que dejó su hermana Lina cuando desapareció hace tres años. Y ese silencio tenía una forma: una tarde lluviosa, un portón que se cerró solo, y una risa que se cortó como un hilo.
Pero esta vez, Obb no oyó silencio. Oyó el ruido de la flor negra cayendo al suelo. El profesor Holograma ya no estaba.
Ella no lo oyó. El holograma era solo memoria, no tiempo real. Pero algo en el pecho de Obb se apretó con tanta fuerza que supo que no podría detenerse.
Obb sintió que se ahogaba. Había cambiado el recuerdo. No para borrarlo, sino para ver lo que estaba oculto. Sabía lo que venía. La tercera bala. Obb Balas Magicas - Holograma
El holograma mostró entonces la verdad que nadie le había contado: Lina no desapareció. La tomaron. El hombre sin rostro le ofreció una flor negra, ella dudó un segundo, luego sonrió y la aceptó. La flor la absorbió, la convirtió en luz, y la luz se filtró por las rendijas del portón.
Lina negó con la cabeza. Su forma se desdibujaba cada vez más.
El holograma estalló como una flor de luz morada. La imagen de Lina apareció frente a él, más joven, con su vestido verde de los domingos. Corría por el pasillo de la vieja casa, persiguiendo una mariposa de papel. Obb alcanzó a ver la fecha en el aire: tres años y un día antes de su desaparición. Obb, por supuesto, no escuchaba advertencias
Obb quiso abrazarla, pero sus brazos atravesaron el holograma.
Solo quedaba la pregunta, y esa no se podía disparar.
El espejo roto detrás de ellas se recomenzó a sí mismo, pero al revés. Las grietas se cerraron, pero en lugar de reflejar a Obb, reflejaba al hombre sin rostro, que ahora tenía uno: el rostro del profesor Holograma. Pero esta vez, Obb no oyó silencio
Obb giró sobre sus talones. El profesor estaba de pie en la escalera del sótano, con una flor negra en la mano.
Disparó.