Mateo cayó de rodillas. Por primera vez, no predicó un sermón, sino que confesó: —Señor, Tú eres santo, y yo un mendigo. Tú eres soberano, y yo una hoja arrastrada. Tú eres justo, merezco el infierno. Pero Tú eres amor... y me diste a Cristo.
La vela parpadeó. Eliseo bajó la voz: —La ira de Dios no es un berrinche, sino su juicio perfecto contra el mal. Romanos 1:18 dice que se revela desde el cielo. El mismo Jesús que dijo "ama a tu prójimo" también ató un látigo y volcó mesas. La cruz no fue un accidente; fue la demanda de la justicia: el Justo muriendo por los injustos. Si ignoras la ira, no entiendes la gracia.
Mateo recordó sus sermones sobre "cómo vencer a tus enemigos". Nunca habló de un Dios que permite tormentas para aplastar nuestro orgullo. los atributos de dios paul washer en espanol
Esa noche, el pueblo no escuchó un sermón sobre "autoayuda". Escuchó a un hombre roto que gritaba con lágrimas: —¡Los atributos de Dios no son teología fría! ¡Son el fuego que quema el orgullo y la única roca donde el pecador puede esconderse!
Y así, Mateo entendió lo que Paul Washer enseña: No puedes conocer la gracia sin conocer la santidad. No puedes amar a Dios sin temerle. Mateo cayó de rodillas
Eliseo continuó: —Él hace todo según Su voluntad. No hay un átomo fuera de Su control. Job perdió a sus hijos y el anciano le dijo: "El Señor dio, el Señor quitó". No fue el azar, ni el diablo a solas. Fue Dios soberano incluso en el dolor. ¿Predicas tú un Dios que sufre derrotas? Porque el Dios de Washer dice: "Nadie detiene Su mano, ni le pregunta: ¿Qué haces?".
Al amanecer, la tormenta cesó. Eliseo llevó a Mateo a un lago helado. —Mírate —le dijo. Mateo vio su reflejo: un hombre ambicioso, lleno de sermones vacíos. —Ese eres tú —dijo el anciano—. Y solo el Dios santo, soberano, justo y amoroso puede romper ese espejo de vanidad y darte un corazón nuevo. Tú eres justo, merezco el infierno
Mateo frunció el ceño. Eliseo tomó su Biblia y leyó en voz alta, como quien revela un abismo:
—Dice Isaías: "Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos". Los serafines cubren su rostro. No es una cualidad más; es el fuego en el que arde Su esencia. Si pudieras ver solo un destello de Su pureza, caerías como muerto, como cayó Juan en Patmos. Tu pecado, Mateo, no es un error; es lepra delante de un cirujano que no puede tocar la impureza.
Mateo comenzó a llorar. Su evangelio era un espejismo: un Dios abuelo, un Cristo sirviente, un Espíritu que solo da emociones.