Columbo En Espanol Capitulos Completos -
—Claro, claro, un encapuchado. Siempre aparecen esos. Mire, Don Felipe, yo soy muy torpe para estas cosas. Pero he estado dando una vuelta por el jardín, y he visto algo curioso. La ventana del estudio... está rota por dentro. Los cristales en el suelo, del lado de la habitación. ¿No le parece raro? Porque si entra un ladrón desde fuera...
—Ah, pues sí, podría ser. Usted perdone, es que soy muy bruto. Otra cosa... su reloj de bolsillo. El que tiene grabado el escudo de los De la Vega. Me dijo su mayordomo que ayer lo perdió en el estudio. ¿Lo ha encontrado?
Don Felipe toca instintivamente su bolsillo izquierdo.
—Ay, Don Felipe, una última cosa. He estado pensando... usted dijo que el encapuchado disparó y huyó. Pero Renard recibió dos tiros. El primero en el hombro, el segundo en el pecho. El forense dice que el del hombro fue desde muy cerca, casi apoyando el cañón. Si el ladrón disparó corriendo... no tiene sentido. A menos que el primer tiro fuera de usted, Don Felipe. En una discusión. Y el segundo, ya puesto, para rematarlo. columbo en espanol capitulos completos
—Y colorín colorado, este capítulo se ha acabado. Pero si quieren ver capítulos completos , ya saben dónde buscarlos. En la tele de las tantas de la noche, con un café malo y una gabardina prestada. Hasta la próxima, señores. Fin del borrador.
—¡Socorro! ¡Han matado a Renard! ¡Debió ser un ladrón!
—Sí, sí, estaba en el suelo.
Don Felipe se derrumba.
El famoso coleccionista de arte Don Felipe de la Vega está sentado frente a su escritorio de caoba. Tiene las manos manchadas de tinta azul. Sobre la mesa, un contrato de autenticación falso. Frente a él, el crítico de arte francés, Monsieur Renard, está muerto, con una mancha de sangre en la camisa. Don Felipe sonríe, guarda el arma en el cajón, y llama a la policía con voz temblorosa.
Don Felipe palidece un instante, pero se recupera. —Claro, claro, un encapuchado
—Él me chantajeaba... el cuadro era falso... tuve que...
Colombo sonríe, busca un pitillo en la gabardina.
—Por supuesto, teniente. Pero se lo dije ayer a sus compañeros: entró un hombre encapuchado, forcejeamos, disparó a René y huyó. Pero he estado dando una vuelta por el
Colombo asiente, rascándose la barbilla.
—Debió romperla al salir. Con la confusión...